El Tio

Un Clasico

   

“Se aprende mirando”, es una de las primeras frases que suelta Jorge mientras en el salón los mozos pasean sus moños con elegancia entre los clientes que repiten una y otra vez el lugar. Pasan llevando la bandeja de manera casi artística, siempre cargada, como marca la vieja escuela.

Este clásico neuquino tiene sus inicios cerca del año 78 cuando Domingo decide dejar Mar del Plata. A aquella ciudad alegre en verano ya le asomaban algunos crudos inviernos donde las olas y el viento ya no venían acompañados de prosperidad.

A la distancia, las distintas oportunidades que ofrecía la Patagonia mostraban una puerta para aquellos que buscaban su propio destino y forjar un camino.

Domingo y Dominga pudieron reunirse luego de una llegada en etapas de la familia. A Jorge, le quedaban algunos años más que su padre para la venida al sur. Corría el año 84, y a la vez, otro periodo recesivo de nuestro país le daba la espalda a Mar del Plata y se hacía sentir fuerte en una de las principales fuentes de ingreso de la ciudad: el puerto, lugar de trabajo de Jorge. Es así como decide unirse a sus padres y Octavio, su hermano menor, un fierrero limitado, tal como se define. Porque a él le gustan todos los fierros, pero solo siente amor por Chevrolet. Domingo, se inició como mozo en “La Taba”, sin siquiera tener noción de la gastronomía. ¿Pero cómo alguien sin noción de la gastronomía puede convertir su lugar en un clásico?

Alguna vez un DT, Bichi Borghi para ser más exacto, se refirió futbolísticamente hablando a que el jugador polifuncional, es en realidad el que no rinde en ningún lado, que por eso se lo va moviendo como a una ficha. Tenemos la prueba tal que un jugador como Domingo pudo ser polifuncional y también pudo destacarse. Es entonces cuando de “La Taba” llegó a Ruta El Chocón donde no solo atendía si no también cocinaba, pero a la vez le permitió transformarse en el personaje querido y reconocido en el que se destacaba su atención amena y cercana.

Ese combo, fue mágico para muchos, pero en ese momento lo era más para los pequeños hijos del dueño de Ruta El Chocón. Para ellos, Domingo era “El Tío”. Ese apodo, termina dándole el nombre al sueño del local propio.  Su historia de trabajo se conformó en base a la cocina tradicional donde el puchero, el guiso de lenteja y el mondongo a la española tienen su día y los sabores se volvieron ley para algunos proveedores tienen décadas acompañándolos.

Esos valores que la familia pudo transmitir a la ciudad se ven marcadas en historias donde cuentan que las compras se hacían con una semana de anticipación y se juntaban entre varios para traer en un camión desde Santa Fe, o la del panadero que entrega hace más de 20 años el pan a la misma hora de la mañana, así llueva, truene o el viento neuquino se haga presente. En “El Tío”, padres e hijos aprendieron el oficio y el trabajo que es la gastronomía y la cocina entró en sucesión por antigüedad y las mismas perduraron por años, en unos fuegos donde fueron Juana, Laura, Carmen y actualmente Rebeca, las cocineras a cargo.

Todas entendieron que su cocina era la clásica, llevada de la casa a la mesa, donde el flan se hace con maples de huevos, donde se pelan y cortan las papas, donde se dejan remojando las lentejas el día anterior, donde el guiso de mondongo tiene un gusto especial. “El Tío” es historia viva entre los sabores de la Patagonia.

Vas a QueRer Ser Parte.

Inspiracion: @Juanjo.romero

Fotos: @FlorZitti

Milagros Inesperados: @MaltagliattiValeria